Crucifixiones, latigazos y procesiones: la Semana Santa sangrienta de Filipinas

La colonización española aportó al país asiático la tradición católica, que se traduce en expresiones de fe extremas. IMÁGENES SENSIBLES.

Arrastrar una cruz durante horas para terminar clavado en ella fue la penitencia de Jesucristo y es también la de decenas de devotos cada Viernes Santo en Filipinas, un país que lleva la fe católica al extremo.

Uno de estos devotos es Rubén Enaje, conocido como el “Jesucristo de Pampanga”, que este viernes se crucificó por trigésimo segundo año consecutivo en la localidad de San Fernando, al norte de Manila.

“Aunque es muy duro y doloroso lo hago por mi familia, por Dios y por la fe católica”, aseguró el filipino de 58 años mientras muestra a la agencia EFE los cuatro clavos de acero de diez centímetros: dos para las manos y otros dos para los pies.

Más de 50.000 personas, según autoridades locales, acudieron este viernes al barrio de San Pedro Cutud, en San Fernando, para contemplar cómo Enaje y otros nueve penitentes se clavaban en cruces de madera bajo un sol abrasador durante aproximadamente diez minutos.

Los devotos llegaron al montículo de las crucifixiones tras recorrer descalzos centenares de metros con cruces de madera al hombro bajo la custodia de vecinos con disfraces de soldados romanos que les asestaban golpes y empujones.

Con pelo largo y barba al más puro estilo del mesías, el Jesucristo de Pampanga, una provincia al norte de Manila, explica que la travesía con la cruz, fabricada por él mismo y de más de 40 kilos de peso, es aún más dura que el martirio de permanecer ensartado en ella.

Los clavos, que él mismo esteriliza con alcohol, “son muy dolorosos y producen heridas que duelen durante tres días, pero las secuelas de llevar la cruz Gracias a las crucifixiones San Pedro Cutud, un deprimido y antes olvidado barrio de unos 12.000 habitantes, atrae a numerosos medios de comunicación y decenas de miles de visitantes cada año con motivo de este sangriento espectáculo.

Las crucifixiones son uno de los grandes focos de la atención mediática en la Semana Santa de Filipinas, que también dejó impactantes escenas de procesiones callejeras en las que miles de penitentes recorrieron kilómetros descalzos hasta la catedral de San Fernando.

Muchos de ellos completaron el recorrido propinándose latigazos en la espalda hasta dejarla en carne viva y sangrando, mientras otros lo hicieron con pesadas cruces sobre el hombro para redimir sus pecados o pedir milagros y buena fortuna.

La colonización española aportó a Filipinas la mayoría de sus tradiciones católicas, aunque estos rituales extremos surgieron en el país asiático en la segunda mitad del siglo XX y no gozan de la aprobación de las autoridades de la Iglesia.

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