La vida transmitida en tiempos virales: “Messi se lo meressi…”

Videos virales, videos filtrados. La obsesión de la sociedad por verlo y mostrarlo todo nos obliga a pensar las causas y orígenes de la cultura de lo trasparente.

CHAPU MARTINEZ

Se filma, se edita, se publica. Lo ve una persona, dos, tres, comienza a circular por redes sociales, por mensajes de WhatsApp, se “viraliza”, lo toman los medios y ya nadie puede permanecer indiferente al contenido.

Es el tema de conversación del día o, con suerte, de la semana. Así pareciera funcionar la difusión masiva de producciones audiovisuales profesionales o caseras que se realizan en el ámbito de lo público pero también de lo privado.

La adicción de nuestra sociedad al consumo y producción infinita de imágenes y videos pareciera no conocer fin. ¿A qué se deberá tal circunstancia?

El filósofo Byung-Chul Han defiende la idea de que nos hemos convertido en una sociedad de la transparencia lo que nos ha quitado el derecho a la intimidad, transformándonos a todos en sujetos que para ser aceptados han de revelar cada una de sus facetas. Así, en la búsqueda por verlo todo, reafirmamos el deseo de saciar nuestra sed de transparencia pero también al mostrarlo, o al menos al generar elementos que puedan ser vistos por alguien más, nos sometemos a la lógica cada vez más invasiva de que cualquiera de nuestros actos tendrá sentido sólo si puede ser observado por los otros.

En este sentido el concepto de “viralización” cobra una magnitud total. Si decimos que la visualización de un hecho le otorga significado, que ese hecho sea visto por miles y miles de personas parecería dotarlo de una validación total e indiscutible. Apelando a emociones básicas, a la risa, a la tristeza, al asco o al enojo, los videos tienen la intención de transmitir una idea simple y fácil de captar que, cuando alcanza la masividad, no se pone en duda ni se discute. De esta manera, se transforman en vehículos simbólicos de significado que se impregnan en la sociedad instituyendo un sentido determinado pero, también, reafirmando y reproduciendo sentidos previos.

A esta altura, ya casi quedan pocos que puedan desconocer qué significa “traeme la copa” con lo que la frase en sí ya cobra otro significado que el que podríamos darle en un principio. Refiere a un tema común para la sociedad independientemente de la referencia primigenia de sus palabras. ¿Podría haber sucedido lo mismo si se hubiese tratado de un texto escrito? Claramente el formato corto y factible de ser consumido y circulado en pocos segundos es clave para alcanzar la viralización.

Ahora bien, este súbito reconocimiento popular al creador del video ¿es suficiente recompensa para que alguien pase horas de su vida grabándose en público? ¿Vale el esfuerzo de “ridiculizarse” ante desconocidos? Quizás estas preguntas no tengan respuestas válidas porque implican un juicio subjetivo pero sin dudas que tantas personas se expongan y que efectivamente muchas de sus producciones logren alcanzar la opinión pública dice algo de nuestra sociedad. Es más, hasta podríamos decir que aquellos videos hechos sin la manifiesta intención de ser vistos por más que un puñado de personas (o incluso para sí mismo) poseen en su raíz la necesidad de transparentarse, de quitarse la presión social por ocultar algo.

En definitiva, la sociedad de la transparencia que hemos construido es la que nos obliga a exponernos cada vez más para atraer la mirada del otro pero también para no dejar de ser parte del ideario común, para pertenecer a la comunidad que habitamos. Sea como productores o como consumidores, estamos constantemente legitimando la disolución de todas las fronteras para los ojos ajenos; las pantallas y las cámaras nos invaden con el pretexto de que cuanto más podamos ver más control tendremos. ¿Control de qué o de quién? ¿Acaso sólo existimos porque otros nos ven?

Sin lugar a dudas el reconocimiento del otro nos otorga existencia. La pregunta sería entonces qué tipo de reconocimiento buscamos y qué medios son los que estamos dispuestos a utilizar para alcanzarlo. Qué mueve a una persona a filmarse por propia voluntad en una instancia de total intimidad o haciendo bromas en la vía pública son preguntas que se resuelven quizás no focalizando en la situación particular de cada sujeto sino más bien pensando en el contexto socio-histórico en el que vivimos y que hemos creado.

Gracias por calificar! Ahora puedes decirle al mundo como se siente a traves de los medios sociales.
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