Con una personalidad distinta a la de su hermana mayor, Natalia Pastorutti siempre respetó sus propios tiempos y se mostró algo más tímida, aunque en el día a día no lo parezca. Sin embargo, al subir al escenario, se enciende con la misma pasión que cuando debutó junto a Soledad hace más de 30 años en el escenario Atahualpa Yupanqui, en la Plaza Próspero Molina de Cosquín, corazón del folclore argentino.

Natalia no solo acompañó a su hermana por los principales escenarios nacionales e internacionales, girando por Estados Unidos, España y el Mundial de Francia, sino que también desarrolló su carrera en solitario, presentándose en los festivales más importantes del país, con un público propio que la adora tanto como a «La Sole».
La menor de las Pastorutti no apostó únicamente a la música: durante varios años combinó su carrera artística con los estudios universitarios, completando la carrera de abogacía y un posgrado en escribanía en la Universidad del Salvador. Aunque nunca ejerció la profesión, el desafío fue deliberado. Según comenta, “necesitaba vivir la experiencia universitaria, desde chica soñaba con eso y se lo decía a mamá”.
A sus 43 años, Nati —como prefiere que la llamen— es una persona metódica, se considera tradicional, pero abierta a aprender cosas nuevas en la vida. Sentada en un espacio típico porteño, lejos de su Arequito natal, Pastorutti eligió beber agua sin gas. Mientras conversa y mira a los ojos del entrevistador, de vez en cuando se distrae observando a quienes juegan con las bolas de colores en las mesas de Los 36 Billares, un emblemático bar en Avenida de Mayo, donde luego posará con entusiasmo para fotografías, rodeada de antiguas lámparas y paredes que evocan tiempos pasados.
### El juego de las diferencias
—¿Qué diferencia hay entre vos y tu hermana Soledad? —se le pregunta.
—Tenemos personalidades diferentes, pero ser hermanas y vivir tantas experiencias juntas nos hace también similares. En realidad, no sé bien cómo diferenciarme de Sole por muchos motivos, aunque busco mi propia identidad musical y artística; cuando canto ciertas canciones, la gente nota las diferencias entre nosotras —responde.
Hace apenas un mes, Natalia lanzó su tercer disco propio, *Que siga latiendo*, un álbum de folclore con su sello personal. Incluso incluye un single con Los Nocheros. “Aprendí mucho experimentando por mi cuenta. Me tomo el tiempo necesario para decidir mis pasos. Este álbum no fue pensado por mis 30 años de carrera, sino que sigo el camino que retomé en 2019”, explica.
Con entusiasmo, revela su pasión por el estudio de grabación: “Me encanta estar en el estudio. Estoy conforme con este disco, aunque lo volvería a grabar si pudiera. Ya tengo maquetas para un próximo álbum, pero ahora es tiempo de defender y presentar este”.
En las últimas semanas, Nati viajó constantemente entre Arequito y Buenos Aires. Desde que formó su familia se instaló definitivamente en su ciudad natal, donde se crió, aunque vivió en Buenos Aires durante sus estudios universitarios.
—“Antes vivíamos en una sola casa, pero cuando explotó el furor en 1996, nos mudamos porque nos tocaban el timbre todo el tiempo. Después mi papá compró un predio donde tenemos nuestras casas: la de mis padres, la de Sole y la mía, todas muy cerca, en conexión”.
Sobre su familia, cuenta que sus hijos Pascual (9) y Salvador (5) mantienen una excelente relación con las hijas de Soledad, que a veces las cuidan. “Cuando estamos en Arequito, solemos almorzar todos juntos o los domingos hace el asado el marido de Sole. A mi esposo y a mí no nos gusta cocinar, así que el quincho es el lugar de encuentro familiar”, confiesa con una sonrisa.
Acerca del padre de sus hijos, detalla: “Él trabaja en comercio y viaja mucho por el país. Contamos con la ayuda de una mujer para los chicos y mi familia también aporta. A veces estamos de acá para allá, y después de esta entrevista vuelvo corriendo a Arequito, trato de estar en casa por la noche”.
“Soy muy hogareña y estructurada. Muy ordenada en casa, dejo todo organizado antes de salir de viaje. Soy puntillosa y quiero volver siempre a mi casa después de cantar”.
### Futbolera y con vida de club
El Mundial la tiene muy entretenida y una de las razones por las que siempre quiere volver a casa es para ver los partidos allí.
—“Siempre fui futbolera. Tenemos un club llamado 9 de Julio, el equipo de nuestra zona y del que somos hinchas. Mis hijos juegan ahí y pasan todo el día en el club; yo los llevo. Creo que esas instituciones son importantes para los niños”, reflexiona.
Recuerda también que ella y Soledad practicaban tenis en ese club desde niñas y que allí aprendieron a tocar la guitarra, una actividad abierta en la comuna. “Recuerdo cuando la profesora le dio a Sole una canción para que cantara porque ella se animaba, y yo la acompañé con la guitarra. Allí empezamos juntas. A los 15 años dejé el instrumento”.
Sobre el fútbol, evoca cuando cantaron para la Selección en el Mundial de Francia 1998. “Era chica entonces. Cantamos para los jugadores en una concentración. Estaban el Burrito Ortega, el Mono Burgos, que también cantaba, Matías Almeyda, que se puso a zapatear; se armó un fogón hermoso. Soy
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